jueves, 16 de abril de 2015

21. Amores perros


“…no es solamente el Amo quien ve en el Otro su Esclavo; ese Otro se considera a sí mismo como tal.] El otro elemento constitutivo del acto-de-reconocer está igualmente implicado en la relación considerada; ese otro elemento es el hecho de que esa actividad de la segunda Conciencia [es decir, de la Conciencia servil] es la actividad propia de la primera Conciencia [esto es, de la del Amo]. Pues todo lo que hace el Esclavo es, hablando con propiedad, una actividad del Amo . [Puesto que el Esclavo sólo trabaja para el Amo, para satisfacer los deseos del Amo y, no los suyos propios, es el Deseo del Amo el que actúa en y por el Esclavo.]


Alexandre Kojeve.




Se me vino a la cabeza la imagen típica. Él o ella, disfrazado de perro, frente a su amo, con sus cueros y un látigo en la mano, desflecándose, produciendo esos chispazos que rebotan en el cuerpo como chasquidos secos. La piel tensa, erizada. Dolor, gemidos, sufrimiento, servilismo, etc. Formas explícitas de llevar a cabo una relación sádica. Si bien no existe un manual, las reglas parecieran estar consensuadas, hasta existen términos o palabras para cuando se decide ponerle fin. 

Yo intentaba pensar las otras, las formas tácitas en que se llevan a cabo los amores perros, cierta perversión o incondicionalidad a través de la que se disfrazan algunas relaciones amorosas. Suponemos el amor como una relación entre iguales, dos autoconciencias que se reconocen en su ser, que se respetan. En la mitología hegeliana el amo -o el señor- no escapa a lo trágico, en cuanto rebaja al otro -en su primera fase- a la condición de esclavo ya no tiene en quién reconocerse. Uno desea el deseo del otro diría Lacan, ¿qué sucede entonces con el perro cuyos deseos sólo son los deseos de su amo? 

Pensaba en eso y en todas las formas que atraviesan los amores perros: el sadismo, la esclavitud, el servilismo, y en su contrapartida: ¿la seguridad? Los perros son fieles, aunque sea una fidelidad no elegida, sino destinada, un amor que no transita los carriles de una relación entre iguales, sino de la dependencia. Su límite es la autoconservación. Amores perros. Su estado es anterior a la conciencia o autoconsciencia postulada por Hegel. Qué sucede cuando uno no encuentra otros modos de relacionarse con el otro que esos, cuando el otro se transforma en un amo, un señor con sus deseos propios, que decide por ambos, que diseña, pero que a la vez somete, sin saberlo, sintiendo ese goce oculto y silencioso. ¿Qué sucede con ese "deseo que no tiene objeto"? ¿Es el deseo del sometido un deseo "real" o legítimo? ¿Cuál sería su estatuto? El Amo ha luchado y arriesgado su vida por el reconocimiento -dice Kojeve en su versión rusa sobre Hegel- pero sólo ha obtenido un reconocimiento sin valor para él. Porque él no puede ser satisfecho sino por el reconocimiento de aquel a quien acepta como digno de reconocerlo. Kojeve ha cautivado a Benveniste y éste a Lacan en Francia, de la misma forma que en Estados Unidos Josiah Royce cautivaría a Herbert Mead y a los Interaccionistas simbólicos. Cada nación tiene su forma necesaria de interpretación, después de todo la mitología Hegeliana goza de un sentido estético, vital, potente, capaz de desencadenar una revolución como una guerra mundial. "Un pueblo que no es capaz de dar su vida por su libertad nunca a va a ser realmente libre", y corrieron todos a matarse entre sí.

Volví sobre esas imágenes, imaginé esas formas como una retrospectiva sobre mis relaciones de amor ¿qué es lo que hay de todo eso? Figuritas repetidas. Me vi en el colegio, intercambiando figuritas con mis compañeros de la primaria. Lo normal era sacarse de encima las repetidas y no atesorarlas eternamente en un álbum que no desea completarse nunca o en el que se montan unas sobre otras. Después de todo para Hegel el esclavo es el único que se salva, dando forma, trabajando el objeto. Aunque para eso hacía falta la llegada de Marx para poner todo patas abajo. 

De la misma forma que el día anterior me había visto desde esa óptica cenital en el quirófano, desvalido e indefenso, sentado en esa camilla con el vestido celeste, ahora me veía disfrazado de perro, con los ojos vendados y un bozal de cuero negro, siendo azotado, no brutalmente, el castigo del amo debe ser pausado, soportable, silencioso, un castigo dosificado que deje en claro quién somete, y quien es sometido. El castigado "debe" obedecer, sólo se trata de un juego de roles en el que ambos saben cuál es su lugar en ese juego. 

Amores Perros. 



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