domingo, 26 de abril de 2015

29. Oblivion.





La creencia en algún tipo de maldad
sobrenatural no es necesaria. 
Los hombres de por sí, 
ya son capaces de cualquier maldad.
J. Conrad.




Recuerdo aún aquella vez que me dijo algo así como –te dije que no soy buena- como si con eso quisiera ahuyentarme o prevenirme. Sin embargo eso no significa nada para mí, sólo un goce y un pedido de auxilio. Posiblemente la mediocridad del encierro, nunca nadie me dio más pena que aquellas personas que no pueden salirse de sus mandatos, y peor cuando pretenden recubrirlos argumentaciones rebuscadas que en definitiva no son más que un intento revestir lo que no quieren ver; el cautiverio, la pobreza, o el miedo. 

Una vez más vi pasar esa bandada de golondrinas sobre mi cabeza y pensé en aquellos versos de Jean de Béranger, sobre el prisionero cautivo en tierras lejanas.

Mourante, elle croit à toute heure 
Entendre le bruit de mes pas ; 
Elle écoute et puis elle pleure 
De son amour ne me parlez-vous pas ?

En definitiva da lo mismo que sea en tierra propia o en la lejanía, se vive de la misma forma, siempre es lejano. Comenzaba a darme algo de pena, hay límites que se viven como infranqueables.

Caminé algunas cuadras bordeando el Parque, claro que ese San Telmo nada tenía que ver con el descrito por Sábato hace más de cincuenta años, en una ciudad que hoy parece haber perdido toda identidad y en la que todo lo que sucede no es más que un decorado acorde al espectáculo. Posiblemente el último gran libro sobre el amor escrito en estas tierras haya sido La invención de Morel, y sentó las bases para la interpretación de lo que vendría luego con la sobremodernidad. El amor finalmente puede resumirse en ese deseo de perdurar por la eternidad junto al recuerdo de la otra persona al costo de perder el presente. Posiblemente no exista acto más romántico que ese. A eso siguieron infinidad de películas y manifestaciones acordes que no hicieron más que repetir una y otra vez ese argumento. Cuando se piensa en un escritor argentino que haya resumido el espíritu de una época casi siempre se lo elige a Borges, sin embargo Bioy Casares ha ido mucho más lejos y hoy esa maquinaria creada con la Invención de Morel puede encontrarse en gran cantidad de ficciones y verse en cada una de las cosmovisiones actuales. En ella ha sabido mezclar la trascendencia y la corporalidad como una pura imagen especular. A la duda metódica cartesiana que atravesó toda la modernidad se le suma la concepción espectral, más allá de la necesidad de la duda en la que nadie cree, y en el mejor de los casos aquella imagen trascendente puede ser abordada desde la inconsciencia que revive una y otra vez una vida propia y ajena al mismo tiempo. Después de todo, uno y el otro aparecen como dos espejos destinados a verse juntos y plenos y a repetirse en una imagen ad eternum.

Oblivion de Joseph Kosinski nos da una nueva versión al respecto en una nueva ficción dando cuenta de una repetición y de un espectro que toma vida precisamente en el clinamen,  momento en que esa repetición falla –la puesta en práctica de la falla interpelativa del lacanismo, aquella malinterpretada por Althusser cuando confunde deseo con interpelación-.

Es extraño que el olvido al que remite el oblivion no pueda ser representado más que con un nuevo tipo de nacimiento. Para eso se encuentra Piazzolla unificando el olvido con esta ciudad que, como una vez dijo el mismo Gardel, nació definitivamente para ser olvidada o para ser recordada desde lejos. El otro es quién da vida a la consciencia y ahí parecerá estar presente por la eternidad. Con eso se ha vencido a Heiddegger y a Borges con sus antagonismos entre ser y tiempo, ya no se trata de los trogloditas y su hastío existencial producto de la eternidad, sino de unas imágenes determinadas por la actuación constante y a la repetición eterna que todos anhelan. 

Mejor un holograma inmortal que una consciencia finita, y lo único que puede lograr eso es el amor en el otro, quien lo sostiene. La verdadera ventaja de mi solución es que hace de la muerte el requisito y la garantía de la eterna contemplación de Faustine. Sin otro no hay eternidad, ya que el olvido y la eternidad son imágenes contrapuestas. En todo caso, la peor representación, lo trágico sería un holograma abandonado o solitario, repitiendo una imagen triste y absurda, generando rechazo. La eternidad es de a dos. 

Te dije que no era buena. ¿Quién pensó lo contrario? El problema no es la maldad sino la cobardía y la mediocridad. El problema no son los malos en este mundo, si no los mediocres.


Crucé frente al británico y se encontraba totalmente vacío, caminé algunas cuadras por la calle Defensa sin ver a nadie hasta llegar a la plaza Dorrego que también estaba vacía. La ciudad parecía abandonada, miré el reloj de la plaza pero sus agujas habían quedado inmóviles marcando las doce y cuarto, casualmente el horario en que la vi por primera vez, cuando se acercó hasta mí, pidiéndome sentarse. La imagen de Helena y Menelao acudieron nuevamente, pero ya no se reían, sino que lloraban, y hasta me generaban tristeza, tanta tristeza que pensé que lo mejor sería dejarlos en paz. No todo es lo que parece. -Me voy a México- me dijo -me salió de nuevo la gira por ahí-. Me alegré, México tiene esa circularidad premoderna que permite que todo se repita siempre y que la gente no se termine de morir nunca. Nadie mejor que Juan Rulfo para dar cuenta de eso. Ni siquiera se lo mencioné. Las golondrinas seguían surcando el cielo como dubitantes nubes pasajeras, recordé aquella famosa frase de Nietzsche, pues prefiero el rayo y el trueno, y las maldiciones del mal tiempo a esta quietud gatuna y circunspecta, y entre los hombres a los que más odio…

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