martes, 28 de abril de 2015

31. La rata y el perro.




Yarará y los otros han sentido que las ratas desplegaban nuevas estrategias,
se volvían aún más peligrosas por invisibles 
y agazapadas en refugios que antes no empleaban, 
y que cazarlas se va a volver cada vez más difícil 
ahora que las ratas los conocen y hasta los desafían.
Julio Cortázar.




Una vez más recordé la cita de Goethe. Lo demoníaco es aquello que no puede resolverse ni por voluntad ni por razón... Lo bueno del amor es que es capaz de disfrazarse de cualquier cosa. Lo malo es que para ingresar al amor hay que entregarse por completo, y cuando uno se entrega deja la puerta abierta para que se meta cualquier cosa. Los filtros desaparecen.

La última vez la pasé a buscar por su psicólogo. Venía mirando para todas partes y la sorprendí. Ahí mismo nos abrazamos y nos metimos en un albergue transitorio. L´hirondelle era el nombre, suena gracioso. L´hirondelle et le prisonnier, como el arreglo de piano, como el cautivo que mira a la golondrina pensando en su vuelo y en lo que sucede en su aldea mientras él se encuentra ahí, privado de su libertad. Quizás el amor tenga algo de eso. Nos desvestimos salvajemente, como todas las veces. Como siempre, terminamos en un café, donde me contó lo de México. Nos despedimos con uno de esos abrazos eternos, nuestros cuerpos se habían acostumbrados y no querían despegarse.

Comenzaron los mensajes, volvimos a hablar, a tener esos diálogos pornográficos que ya estábamos extrañando. De algún modo había logrado inmunizarme, ya estaba lo suficientemente fuerte como para tener consciencia y que no pasara de eso, del acto sexual, un garche, como se dice, con amor, pero un garche al fin. Eso no significaba que no la quisiera, pero había conseguido ponerme una coraza para protegerme. Posiblemente no le haya bastado, no lo soportó. Lo quería todo. 

Una vez más se las arregló para que su marido se enterara, que la encontrara así, semidesnuda, casi atada al teléfono, hablando conmigo. Con quién hablas, le preguntó. Le inventó algún nombre, podía haberle dado una lista completa, pero su cara de susto la delató. De todos modos, el perro lo perdona todo, aún los azotes, y cuando más fuertes mejor. Algunos lo llaman amor, cada uno le pone el nombre que quiere, y puede durar eternamente. Por eso la aclaración, el amor es capaz de disfrazarse de cualquier cosa. Le hizo una escena, ella se asustó, o simuló hacerlo, me tiemblan las piernas, me dijo, cuando me llamó por teléfono, desesperada. ¡Cómo que ya no querés estar conmigo! ¿Y por qué no me enteré?-dijo, sonó casi a reproche. Era la segunda vez que utilizaba esa frase, me tiemblan las piernas. Lo bueno de las repeticiones es que sirven para conocer a las personas. -Si me separo es por vos- me dijo después -sos la única razón-. Yo ya no le pedía nada, pero me ilusionó y me alegré, volví a caer. La hiena es hábil, sabe donde pisar. -No creo que pase de esta noche- me dijo -o del fin de semana-, refiriéndose a su matrimonio. 

Mi coraza se destruyó por completo, pasé la noche pensando, una vez más, ilusionado. Nunca pensé que iba a perder el amor por el perro, me dijo también. Sabía qué palabras utilizar, era meticulosa, inteligente. Sabía cuándo debía tirar y cuando soltar, como el pescador experto, que mira moverse la boya y sabe el momento exacto en que debe dar el tirón, como el ajedrecista sagaz, que planea las jugadas con anticipación. 


Qué pasó, le pregunté al otro día, al no tener noticias, tenía derecho a saber. Me encontraba ansioso. Lo único que puedo decirte es que no cambió nada, me escribió en otro mail, en el que ni siquiera se atrevía a mandarme un beso, se despedía con un abrazo. Lo sigo eligiendo al perro, me dijo como si nada. 

El que avisa no traiciona, dice el refrán, por lo que uno no tendría derecho a enojarse. Hay personas que se conocen en la primera mirada, otras en cambio se tarda bastante más. Uno no debería enojarse de lo que se anticipa, yo no pude evitar hacerlo. 


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