viernes, 1 de mayo de 2015

36. Serendipia.






¡Eureka!



La cura contra la diabetes es un caso típico de serendipia, el LSD y sus efectos alucinógenos, el Viagra, la vacuna antirrábica… Zadig, en el bosque, descubriendo el paso de los perros y el caballo. El rastreador o el baqueano -que sabe el vado oculto que tiene el río y conoce en los ciénagos extensos un sendero por donde puede ser atravesado- que Sarmiento no sabía dónde encajar, o el mismo Rosas probando el pasto de La Pampa para saber dónde estaba. Esa combinación entre coincidencia y causalidad que se le atribuye a los príncipes de Serendip y que nunca es del todo clara. 

Incluso el David de Miguel Ángel, tan perfecto, fue hecho sobre una piedra que había sido descartada para esculpir por estar fallada, y podría ser considerado un caso de serendipia. Siempre me rondó en la cabeza que ahí radicaba una de las claves: de la falla, de donde no se espera nada, salió esa obra maestra y eterna. Posiblemente el amor sea el caso más plausible, brota como un estallido de la nada. Otra vez el big bang. Lo que la ciencia vive como un suceso extraordinario resulta lógico para el amor. Sin embargo, lo que la ciencia promueve y profundiza, el amor generalmente lo deshecha. Aunque el amor no es eterno, sino en su apariencia.

Nunca pensé que iba a dejar de amar a Juan. Por alguna razón la frase seguía ahí pendiente, rondando por mi cabeza a la búsqueda de alguna explicación. Sigo eligiéndoloPerdámonos, perdámonos en esa maravillosa interpretación de Chet Baker. Let´s get lost in each others arms.


Patán no volvió a casa, o encontró una nueva. Se perdió en el amor con esa perra de Pinamar, igual a él. La metáfora le cuajó perfecta. El instinto y la serendipia corren de la mano y es por eso que muchas veces se confunden con la adivinación.

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