lunes, 11 de mayo de 2015

42. Río abajo.

Navegábamos por el arroyo Caracoles, corriente abajo. Apenas tenía que mover los remos para dar rumbo a la embarcación, avanzaba sola. Algunos camalotes flotaban a nuestro lado, dejando al descubierto esa mezcla de fauna donde nunca se sabe qué es lo que puede contener, dando la impresión de que entre esa maleza se esconde todo un ecosistema. Ella iba en la popa asoleándose, con sus piernas y brazos abiertos, extendidos, sobresaliendo del bote y dejando pequeñas sombras negras en el arroyo. Su gesto era de total satisfacción y relajo, su cuerpo parecía flotar y daba la sensación de que no tuviera peso. Sus ojos permanecían cerrados y su boca levemente abierta dejando escapar el blanco de sus dientes. La comisura de sus labios se elevaba levemente dando cuenta de una sonrisa apenas perceptible. Lo que más me llamaba la atención era su pelo. Se había ido aclarando con el sol, y en sólo dos días parecía haber crecido varios centímetros y lo hacía tan velozmente que si uno detenía atentamente su mirada posiblemente pudiera verlo crecer. Un mechón se desprendía de la cabellera, había caído al agua y navegaba como una serpiente junto al bote, dibujando otra v corta más pequeña que se incrustaba en la que venía detrás. Su pecho ascendía y descendía levemente, acompañado por el movimiento de sus labios. Debajo de la remera podían notarse sus pezones erizados, duros y puntiagudos como el Everest. Su piel se había puesto morena y una línea recta imaginaria marcaba la diferencia en las partes donde la ropa cubría su cuerpo. Estaba dormida.

El cuerpo puede transformarse en la prisión tanto como en la liberación de las almas. Ni siquiera el psicoanálisis ha podido trascender ese límite que en principio pareciera estar definido por la última capa epidérmica que demarca el afuera del adentro. Algunas tribus aborígenes tenían la certeza de que un doble, alojado en el diafragma, habitaba nuestro cuerpo, y que lo abandonaba temporariamente durante el sueño y definitivamente con la muerte. Incluso los pueblos enemigos buscaban las formas de hacerlo salir a través de la magia para doblegarlos (ideas primigenias del inconsciente o el yo imaginario). La relación entre cuerpo y espíritu es un misterio abordado desde las ciencias, la religión y la magia,  sin que ninguna pueda otorgar una explicación definitiva. Más allá del complejo de Edipo y las fundamentaciones genetistas, nadie puede saber por qué uno se enamora o las causas últimas de la elección de una persona por sobre otras. Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que pueda soñar tu filosofía. El cuerpo en reposo es maravilloso, y no hay nada más hermoso que contemplar el sueño ajeno.

En el cielo no podía encontrarse una sola nube. Navegamos durante horas, a favor de la corriente. Cómo no tenía más que hacer que mover los remos de vez en vez para encausar el bote, la contemplaba dormir con la fantasía de poder descifrar alguno de sus sueños. Por momentos me preguntaba cómo íbamos a hacer para volver al hotel o el trabajo que iba a tomarme remontar las aguas, aunque no me importaba demasiado. 

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