viernes, 19 de junio de 2015

50. Pasos.

1.
El sonido de la llave girando la cerradura me sobresaltó. Abrí los ojos y repentinamente el escenario había cambiado. No pude reconocer nada. La oscuridad era plena y aún permanecía en ese estado intermedio entre el sueño y la vigilia que me trae tantos trastornos. Volví a escuchar el sonido de las llaves, esta vez golpeando unas contra otras, y la madera pegar contra el marco, suave. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me hizo poner en guardia. Era un sonido lejano, a varios metros de distancia, nada de eso coincidía con las dimensiones de mi departamento. Será de abajo, pensé. 

A eso siguió un silencio, quince o veinte segundos, a lo mejor más, no puedo ser preciso. Luego el sonido de unos pasos y una luz que se encendía y me dejaba entrever el marco de una puerta irreconocible. No era de abajo, ahora estaba seguro, pero tampoco era mi casa. Aún no reconocía nada de aquel escenario, no era mi habitación. Respiré hondo, intentando serenarme para poder pensar. Otro escalofrío recorrió mi cuerpo y me asusté. Nuevamente se sintieron los pasos, arrastrados, sigilosos. Luego más intentos, uno tras otro, como si alguien subiera una escalera. 

Una idea asomó lejana. No es posible, pensé. Repentinamente la imagen de una escalera se construyó en mi mente, una escalera familiar La luz se apagó y enseguida volvió a encenderse otra, más cercana. 

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