sábado, 13 de junio de 2015

49. Viento.

Ir y venir, horrores, vacíos, bajar y subir. Enfrentarme a lo que no quiero ser, etc. Finalmente todo eso conjugado en un sinsentido que lo va tomando todo, y la apuesta parece ser la única certeza con la duda plena de que uno apuesta para perder. Sumado a la confusión de nunca saber nada. Si me extrañas hacemelo saber, si me necesitas también. quise decírselo, pero ya no valía la pena, estábamos tan alejados. 
   
La tentación puede tener ambas funciones. La de perpetuarse en esta tensión inmanente y la de funcionar temporalmente para pasar a otra fase. Llegó un momento en el que me costaba leer la situación y eso me perturbaba. Pasé por todas las fases, la de ir a fondo intentando producir ese quiebre concreto, constituyente, la de esperar asumiendo que tarde o temprano las cosas se iban a resolver a mi favor, etc. Finalmente comprendí que era un juego que ya se había asentado sobre sus propia lógica, reglas inmanentes que no mutarían, y que no tenía sentido cambiar el libreto. Era eso o nada. Entonces analicé cada milésima de su respiración y observé que existen exhalaciones que provienen de lo más hondo, de las entrañas, ni siquiera del diafragma, como les gusta decir a algunos profesores de canto, sino de algo más allá de todo eso, que baja hasta los infiernos y de ahí conllevan el deseo. Fuego que arde, que se eleva y se expande y desaparece. Comprendí también que en alguna de sus dimensiones, el deseo tiene que ver con lo maldito, que la insistencia resulta de una fijación sin final y que es el motivo de la perdición. Escuchaba cada sonido, ya me había acostumbrado a reconocerlos de la misma forma que el esquimal distingue esos quince o veinte nombres en la nieve para sobrevivir.

Pensé nuevamente en la función del escritor, y en ese tejido de donde proviene la palabra texto en el que puede mezclarse todo. En ese trabajo que no es más que poner en evidencia cosas que siempre estuvieron ahí, o que nunca estuvieron pero que éste puede hacer ver que sí y darles existencia. Miré mi imagen una vez más, desde el principio, cuando nada existía y volví a pensar en lo maldito. Si nada tiene sentido nuestro trabajo es inventar historias donde no las hay, organizar sentidos donde no existen, y quizás a fuerza de creerlas, y tal vez a fuerza de fe cobren vida, igual que las plegarias para Pascal. 

No es mi culpa habitar un mundo que se ha desencantado, después de todo ahí mismo radica la fe, en ese creer a pesar de la nada. De lo contrario todo sería demasiado fácil, o intransitable dependiendo la perspectiva. Podía escuchar todo eso en ese trepidar al otro, en esas ondas electromagéticas que viajaban a través del aire. Ni siquiera sé desde dónde me llamaba. Recordé esas palabras que alguna vez me dijo, “no importa donde estés, yo voy a buscarte”. Ni siquiera puedo recordar el efecto que me produjeron, si fue emoción o temor,  ahora las sentía vaciadas de contenido, vaciadas de certeza. Su respiración seguía sonando como el rugido de un león hambriento que espera el momento preciso para saltar sobre su presa. Podía escuchar y diferenciar cada instante, repentinamente me había hecho un especialista y podía distinguir por lo menos diez o doce formas en su respiración. Podía notar cuando ésta provenía de lo más hondo como cuando era una respiración superficial. Podía notar cuando tras ese rugido se escondía el deseo como cuando fingía. Casi podía imaginar su respiración culposa en su lecho luego del goce pleno.

Pena, desilusión, etc. 
  
Tentación proviene del latín temptatio, temtationis; intento prueba, tentativa. Por momentos su raíz se confunde con Tendere; tensión, dirigirse a… lo que hasta tendría más sentido, después de todo la tentación tiene más que ver más con ese deseo que tiende a realizarse que con un intento. La tentación es realización en sí. Aún percibía eso que me confundía, puesto ahí para producir el efecto. Saltar al vacío. Kierkegaard, Holderlin, Nietzsche, Lacan. Lacan, Holderlin, Kierkegaad, Nietzsche. Holderlin, Kierkegaard. Qué más da. Finalmente todos se mezclaban en esa marea incierta. ¿Realmente podía amar? Por primera vez se me cruzó la idea, ¿Estábamos capacitados para eso? ¿Podía salirse de ese juego? El amor implica aquel salto, suena fundamentalista pero es así. Una cosa es el amor y otra formar una pareja, mirar para atrás y ver ese edificio a medio construir o en ruinas, imaginario. En el medio se encuentran las formas de reproducción y la materialidad, lo dejó en claro. P. Suskind decía que en un mundo tan incierto buscar seguridad no puede ser más que una ficción, posiblemente sea su única frase célebre, la única que vale la pena. Mi amor es demasiado puro, pensé, osadamente. Imaginé mi cuerpo, me vi nuevamente desde esa otra dimensión y simplemente me causó gracia. Escuché ese viento que traspasaba la línea telefónica e intenté reflexionar antes de responder, sé que desde el otro lado se esperaba una respuesta. 

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