viernes, 27 de octubre de 2017

La muerte




Es a causa de que somos humanos,
 y de que vivimos en la sombría perspectiva de la muerte, 
que conocemos la violencia exasperada, 
la violencia desesperada del erotismo.


G. Bataille.







Me asomo por las barandas para mirar el mar detenidamente. El sol pega sobre mi espalda. Miro hacia el lado de Malibu, la sal baña mi cara. Cada tanto un set de olas rompe casi a la mitad del muelle. La cabeza me da vueltas, no sé porqué tomo tanto si sé que me hace tan mal. Salgo a caminar a ver si se me pasa, pensé, la brisa marina quizá me haga bien, y así terminé en el muelle de Santa Mónica. Puedo sentir la sangre entrando y saliendo de mi cerebro, y como éste se hincha y se deshincha junto con los latidos de mi corazón. En mi cabeza se mezclan los recuerdos de la noche anterior. Camino hasta la pinta del muelle y abro los brazos al cielo, de cara al sol. Me apoyo contra las barandas. Es un día hermoso. 

Tus dibujos son algo... ingenuos- le digo, aún a riesgo de que se enoje. Sus ojos se abren, creo que no lo esperaba. 
-¿Qué querés decir con eso?-. 
-No sé- dudo si debo hacerle una crítica a sus dibujos, si tiene sentido, si me va a entender -que les falta drama, enfrentarse con la muerte...-.
-Si yo no quiero enfrentarme con la muerte-.



Las olas rompen debajo del muelle como si lo fueran a quebrar. Son cada vez más grandes y es posible sentir cómo tiembla la estructura de hormigón. Aún me siento mareado, es como si mi piel estuviera continuamente erizada. Ni siquiera sé qué hora es pero el sol está muy alto. Debe ser el mediodía. Las gaviotas se posan sobre las columnas. Sus ojos son colorados, como hechizados. Cierro los ojos e intento escuchar el sonido que hacen las olas al golpear el muelle. 


-Si yo no quiero enfrentarme con la muerte- repite. La miro a la cara, su piel pálida, refractando la luz. Nunca vi pupilas tan grandes. Mueve uno de sus brazos, inquieta. -¿Qué es eso?-.
-Tus pupilas- le digo.
-¿Qué tienen mis pupilas?-.
-Son grandes- le digo -inmensas-.
-Ay, no jodas...-. Abre la boca, está por decir algo, se calla. Se produce un silencio. -¿Qué es eso que me decías, de mis dibujos y la muerte?-.
-Bueno, es una forma de decir, la sublimación, el arte tiene que ver con eso...-. Dudo una vez más si debo hablar o no de sus dibujos, quién soy yo para hablar de sus dibujos... Su mirada se pierde, la noto algo herida. Sus ojos se ponen mas azules, sus pupilas más grandes. -Ir hasta lo más profundo, lo que nos duele. La castración diría un psicoanalista-. 
-Siempre me salís con el psicoanálisis. Después me decís que el psicoanálisis es una mierda...-.

Unos chicos pasan corriendo enfrente mío. No tendrán más de quince años, uno se escapa y el otro lo busca. Uno choca contra la baranda y el otro lo toma por detrás. Se abrazan. Sus risas son algo estruendosas, sobreactuadas, se besan. 

Me asomo nuevamente por las barandas para mirar las olas romper debajo del muelle. La bruma hace que el horizonte se divise como una linea discontinua y borrosa, apenas visible. La sangre entra y sale de mi cerebro, puedo sentir las venas hincharse. No tengo que tomar. 


-Disculpá- le digo -tal vez no debería decirte esto-. Sigue moviendo uno de sus brazos, nerviosa. 
-No, está bien que seas sincero- me responde. Su voz sale algo quebrada, en sus palabras noto algo de resentimiento. -No te gustan mis dibujos-.
-No es eso- le digo, o sí, hay algo de eso, pero prefiero no decírselo. Me callo.

Los chicos se alejan de la columna y vuelven a correr por el medio del muelle. Las gaviotas se alarman y despegan ante sus movimientos. Una ola gigante golpea bajo mis pies, el muelle parece que fuera a desarmarse. Mirá, me dice, mostrándome una costra seca en su cuero cabelludo. Me golpee y me abrí la cabeza. El recuerdo viene a mi mente, podría haber sido ayer como hace un año. Ni siquiera recuerdo dónde fue. El alcohol hace que todo se mezcle. La sangre entra y sale hinchando las venas, es un dolor intermitente. Miro otra vez el sol, debe ser el mediodía, quizá más... Recuerdo su risa, mientras la sangre gotea por su cabeza y se derrama en pequeñas gotas sobre su sien. Me golpee, se ríe. Qué loca, pienso.


-¿Qué es eso del psicoanálisis?- le pregunto. Hace un chasquido con los labios.
-Eso, que primero decís que es una mierda, y después justificas todo con Freud y toda esa mierda. Al final quién te entiende-. Trato de pensar. Me mira, desafiante. 
-Una cosa no invalida la otra- le respondo. 
-Ah, no me jodas por favor-.



Vuelvo a asomarme por la baranda, ya es casi un acto mecánico. Abajo hay algunos surfistas. Las olas se hacen cada vez más grandes. Uno intenta montarla pero no llega a pararse y al reventar la ola lo lleva con éste. Me asomó aún más, hasta el punto de sacar mi cintura fuera de la baranda, siguiendo su recorrido. Pasa cerca de las columnas del muelle pero logra recuperarse a tiempo y desaparece a pura brazada para el lado opuesto. Me detengo sobre la estela blanca que produce la espuma. 

El recuerdo se hace más potente. Su sangre roja cayendo en pequeñas gotas por su sien, luego por su mejilla dejando una estela colorada. Me mira con sus ojos intensos. La miro, cómo podes ser tan hermosa, me pregunto, pero no se lo digo, ya no puedo decirle nada. No tiene sentido, incluso es peor, produce el efecto opuesto al deseado. Temo hasta que mi mirada me delate. Su ojos, su boca. Me contento con eso, con verla así, detenidamente, como si fuese una foto estática que va a quedarse así para siempre. Su pelo negro derramándose por los hombros. Se ríe como si hubiese tomado, pero está sobria, ni un gramo del alcohol, te lo juro, me dice, y vuelve a reírse. La acaricio, le tomo la cabeza con las manos, la beso. Quiero cuidarte, pienso, abrazar su cuerpo integro y poder hacer que nunca le pase nada. 

Los chicos siguen correteándose por el muelle como dos adolescentes aprehendiendo su sexualidad. Quizá todavía ni siquiera hayan hecho el amor. 


-No te gustan mis dibujos entonces- dice.
-No es eso- respondo, ya algo fastidiado -te dije lo que pienso-. 
-Sí, la castración- responde.
-La muerte- le digo. 
-La muerte- repite mecánicamente.

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